sábado, 29 de diciembre de 2012

Aceites para elaborar jabones

ACEITES PARA ELABORAR JABÓN

ACEITE DE AGUACATE
El aceite de aguacate se obtiene de la pulpa del aguacate, se utiliza mucho en cosmética por contener: proteínas, aminoácidos, y altas cantidades de vitaminas A, D, y E; estos componentes no solo nutren sino que también curan, ya que permiten que el aceite de aguacate pueda regenerar las células tanto de la piel como del cuero cabelludo.
El aceite de aguacate tiene un porcentaje relativamente alto de insaponificables, es la proporción de aceite que no pasa a formar parte del jabón, sino que retiene su composición original.
Aunque el aceite de aguacate no proporciona dureza al jabón, ni tampoco espuma, es imprescindible si queremos que nutra y trate pieles delicadas.

ACEITE DE CALÉNDULA
Este aceite es reconocido en fitoterapia por sus propiedades regeneradoras e antiinflamatorias; además es cicatrizante, es decir, contribuye a que se cierren las heridas, y es ideal para tratar las quemaduras.
En jabones hay que añadir 3 cucharaditas por kilo de jabón para obtener un producto que dé buenos resultados en pieles secas y agrietadas.

ACEITE DE COLZA

El aceite de colza se extrae de las semillas de una planta de la familia Brassica Napus Linnaeus, es decir la mostaza, y nos interesa por sus proteínas.

ACEITE DE RICINO

El aceite de ricino es rico en ácido ricinoléico; además atrae y retiene la humedad en la piel; es el componente primordial en los jabones transparentes.





MANTECA DE CACAO

Se obtiene por prensado de los granos de cacao; es una grasa saturada muy dura que para absorberse debe ir acompañada de aceites como el de oliva, joroba, ricino o aguacate que facilitan la absorción.
 Es hidratante porque forma una película en la piel que retiene la humedad.
Acompañado con vainilla o canela  se potencian sus propiedades aromáticas.
En jabones no se debe utilizar un porcentaje muy alto de manteca de cacao porque se agrieta, lo normal es un 15% del total de fase oleosa.


ACEITE DE COCO

El aceite de coco se obtiene de la copra, la pulpa del coco seca.
Es el responsable de gran parte de la espuma del jabón, y muy apreciado por la hidratación que aporta a la piel, cuando se utiliza en la cantidad adecuada, pero si nos excedemos en su uso, entonces reseca la piel.
Al ser un aceite saturado el jabón sale muy duro, pero con abundante espuma incluso con agua de mar.
ACEITE DE PRÍMULA
ACEITE DE BORRAJA Y
ACEITE DE ROSA MOSQUETA

Este grupo de 3 aceites es especial por contener ácidos grasos esenciales.
El aceite de prímula se obtiene de las flores de dicha planta y contiene un alto grado de ácido gamma-linolénico.
El aceite de semillas de rosa mosqueta, se obtiene del fruto oval de esta otra especie, que es rico en ácidos grasos esenciales.
El aceite de borraja se obtiene de las hojas de esta planta y es rico en ácido gamma-linolénico.
Decimos que estos ácidos grasos son esenciales porque el cuerpo humano no puede producirlos, debe obtenerlos de los nutrientes, son conocidos con el nombre de vitamina F.




Su importancia reside en que inhiben el crecimiento bacteriano y promueven la producción de anticuerpos, esto ayuda a nuestro sistema a defenderse de las infecciones y los procesos inflamatorios; también se combinan con proteínas y con el colesterol para construir membranas que unen las células entre sí.
Está en proceso de estudio la teoría que se basa en que, las personas que sufren pérdida de agua que se traduce en eccemas, caída del cabello y/o piel muy seca se debe a bajos niveles de ácidos grasos esenciales.
En los jabones sólo hace falta una cucharada sopera por dos kilos de jabón; son para personas con piel seca.

ACEITE DE AVELLANA

El aceite de avellana se obtiene del fruto del mismo nombre; es importante porque contiene un 80% de ácido oleico y un 10% de ácido linoleico, ambos insaturados.
En los jabones hay que añadir muy poco porque de lo contrario no solidificará.

ACEITE DE ALEURITES MOLUCCANA

El Aleurites Moluccana es el árbol oficial de Hawai. El aceite se obtiene por expresión de sus frutos y flores. Sus propiedades van desde regenerar la piel agrietada por inclemencias del tiempo , a ser el mejor producto contra las quemaduras, ello se debe a su alto contenido en ácidos esenciales como linoleico y linolénico, por ello también se usa contra el acné, la psoriasis y el eccema.
En la producción de jabón pondremos una cucharada sopera por cada 2 kilos  de jabón.

ACEITE DE NUECES DE MACADAMIA
Es un aceite altamente no saturado que la piel absorbe con facilidad. Se obtiene de la presión en frío de la nuez del árbol de macadamia, contiene un 80% de ácidos grasos monosaturados y mucho ácido palmitoleico que actúa como antioxidante.
Es un componente de lujo en jabones, tanto por su precio como por sus propiedades nutritivas.


ACEITE DE NEEM
Las hojas y la corteza del árbol de Neem se utilizan para el tratamiento de diversos problemas de piel.
El aceite tiene propiedades antisépticas y se usa para combatir la caspa, tratar la piel grasa y contra la sarna.
También es un buen repelente de insectos.
Aporta dureza y propiedades suavizantes a los jabones, ya que posee una mezcla equilibrada de ácidos grasos saturados y no saturados.


ACEITE DE OLIVA

Es el que se obtiene por presión del fruto del olivo, es decir de la oliva o aceituna; y es importante saber los distintos tipos que hay porque todos no son igual de buenos para la elaboración de jabón.
Tipos:
·         Aceite de oliva extravirgen: se obtiene del primer prensado en frío de la oliva.
·         Aceite de oliva virgen: se obtiene del siguiente prensado y requiere refinado
·         Aceite de oliva refinado de calidad A: el prensado siguiente, y requiere un proceso de refinado mayor.
·         Aceite de oliva refinado de calidad B: el prensado siguiente y utilizan hexano para su extracción.
·         Aceite de oliva refinado: se prensa la pasta anterior mas los huesos de las aceitunas.

Cada prensado es de menor calidad para la nutrición, pero mejor para elaborar jabones ya que poseen más insaponificables, componentes que no reaccionan con la sosa para hacer jabón, por lo que el jabón tiene más aceites libres. Los insaponificables actúan como catalizadores, es decir, ponen en marcha la reacción.
Cuando más virgen sea el aceite más tarda en saponificar. Lo mejor es utilizar la categoría A.
Este jabón limpia en profundidad y a la vez es delicado con las pieles sensibles.

ACEITE DE PALMA Y ACEITE DE PALMISTE

El aceite de palmiste se obtiene de los dátiles de las palmeras africanas y contiene ácido láurico.
El ácido láurico, posee dos propiedades: saturación y bajo peso molecular lo que aporta dureza y espuma.
El aceite de palma se obtiene de la pulpa del fruto de la palmera cocotera.
ACEITE DE CACAHUETE
El aceite de cacahuete es suavizante como el de oliva y el de ricino; es rico en vitamina E y la piel lo absorbe fácilmente, pero no aporta nada nuevo que no nos dé el aceite de oliva.
Los jabones que produce son blandos, con poca espuma.
Al ser altamente insaturado se vuelve rancio con el tiempo.

ACEITE DE SÉSAMO

El aceite de sésamo, contiene tres sustancias insaponificables que son: sesamolina, sesamina y sesamol y su importancia reside en que tienen propiedades antioxidantes que resisten la ranciedad.
Se requieren 56 g de aceite de sésamo por 2,2 kg de jabón.

MANTECA DE KARITÉ

Se obtiene del prensado de los huesos del fruto del árbol de la manteca africana. Contiene un 11% de insaponificables, que son los componentes del aceite que no entran en contacto con el hidróxido sódico, sino que permanecen en su estado original en el jabón con sus propiedades nutrientes e hidratantes, por eso es estupenda para elaborar jabones.
La manteca de karité se incorpora a la fase acuosa con los demás aceites, o bien cuando cuaje el jabón, se incorpora al cuajo una vez derretida.






ACEITE DE SOJA

Este aceite se extrae de las semillas de la soja; es interesante por contener elevado porcentaje de ácido oleico y linoleico.
En los jabones aporta suavidad y espuma estable, por lo cual se utiliza como relleno junto con el aceite de oliva.

ACEITE DE GIRASOL

Se extrae de las semillas, pipas, del girasol.
Es hidratante y deja una película en la piel que retiene la humedad; además su interés radica en que contiene ácido linoleico, vitamina E y antioxidantes naturales que resisten a la ranciedad.
En los jabones alargan el tiempo que tarda en producirse la saponificación y aportan dureza aljabón.
Los tocoferoles, un tipo de vitamina E, son antioxidantes que se utilizan para evitar que se enrancien los jabones y sus componentes.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Jasón y el vellocino de oro

El vellocino de oro procedía de un animal maravilloso, un carnero que podía volar por los aires y que estaba consagrado a Júpiter. Llevaba una vez sobre su lomo a un niño y a una niña, hijos de un rey, que huían de su madrastra. La niña perdió el equilibrio y cayó, pereciendo ahogada en el lugar que, después se denominó el Helesponto. En cambio el muchacho se salvó. En agradecimiento por su salvación, sacrificó el carnero a Júpiter. Luego ofreció el vellón del maravilloso animal a Eetes, rey de Tesalia, quien le había dado hospitalidad después de su fuga. Eetes puso el Vellocino de Oro sobre un árbol, en un bosque de la Cólquida consagrado a Marte, donde lo vigilaba noche y día un dragón que permanecía siempre con los ojos abiertos y devoraba a cuantos pretendían apoderarse del Vellocino.

En otro reino de Tesalia vivía un rey llamado Pelias que, por motivos secretos, codiciaba el Vellocino. Durante muchos años Pelias gobernó sin derecho el reino manteniendo a Jasón, el legítimo heredero, apartado del trono. Cuando Eson, el anciano rey, se retiró, designó a su hermano Pelias como regente, que gobernaría hasta la mayoría de edad del joven príncipe Jasón.

Pelias, temiendo que algún día tendría que devolver el trono a Jasón, consultó a un oráculo. Este le dijo:" Un hombre calzado con una sola sandalia te traerá desgracia.¡Debes prevenirte, pues, contra él!".

Cuando Jasón, que ya había alcanzado la edad viril, llegó al palacio del rey, un escalofrío de terror recorrió el cuerpo de Pelias, pues Jasón, al vadear un río de montaña, había perdido una sandalia y tuvo que efectuar el resto del viaje llevando una solamente.

Para librarse de Jasón, Pelias decidió enviarlo a una empresa arriesgadísima.
-Sería conveniente, para que demostraras tu valor y tu aptitud para gobernar- díjole Pelias-, que fueras en busca del Vellocino de Oro.Está oculto en un bosque de la Cólquida, vigilado por un feroz dragón. Para obtenerlo, debes penetrar en ese bosque y vencer al monstruo. Cuando regreses con el Vellocino, la gente podrá conocer el temple de su futuro rey.

Jasón, sediento de aventuras, fue en busca de Argos, el más hábil constructor de naves de la época, y le encargó que construyera una nave capaz para cincuenta remeros. Entonces Jasón invitó a los hombres más fuertes y osados de Grecia a embarcarse con él en la nave, a fin de dotarla de la tripulación que tan noble bajel requería.
Todos- soldados, guerreros, grandes héroes- se enrolaron contentos bajo la guía de Jasón, dispuestos a participar en la búsqueda del Vellocino de Oro.

Entre ellos se encontraban: Orfec, que luego había de arrostrar el tenebroso Hades para ir en busca de Eurídice; el forzudo Hércules; Atalanta, la doncella silvestre que ayudó a Meleagro a cazar el jabalí de Calidón, y Teseo, vencedor del Minotauro.

La enorme nave levó anclas entre las aclamaciones del populacho y se hizo a la vela para la peligrosa aventura. Como los atrevidos nautas tripulaban una nave construida por el gran Argos, fueron llamados los Argonautas.
Durante muchos meses de penosa travesía la nave desafió las embravecidas olas del mar, avanzando hacia la Cólquida con determinación. Por el camino les ocurrieron diversas aventuras, a cual más emocionante.

En una de ellas tropezaron con un rey cruel, que gustaba de retar a sus huéspedes al pugilato. Por su desmedida fuerza física y extraordinaria destreza pugilística, derrotaba y mataba a todos sus adversarios. Los griegos seleccionaron a Pólux, uno de los gemelos que sobresalían en la lucha  llamada pugilato, para que se enfrentara con el rey. Cuando Pólux dio con su oponente en tierra, los moradores del país expulsaron a los Argonautas.

Otra hazaña consistió en librar al sabio Fineo de dos feroces monstruos llamados Arpías. Estos seres tenían cuerpo de mujer con garras y alas de ave. Arrebataban y devoraban inmediatamente los alimentos que Fineo trataba de llevarse a la boca. El prudente varón enflaquecía y se consumía lentamente.Cuando los Argonautas fueron en su ayuda y ahuyentaron a las feroces Arpías, Fineo, agradecido, les advirtió de un nuevo peligro que les aguardaba.
Se trataba de las Simplegades, unas enormes rocas flotantes que de vez en cuando se juntaban, aplastando al infeliz que pasara entre ellas. Fineo les aconsejó que aguardaran a que las rocas se estuvieran aproximando, para entonces soltar un pichón. Jasón  así lo hizo, y el pichón logró pasar cuando las rocas iban a juntarse. Así que las Simplegades empezaron a separarse, los Argonautas pasaron por entre ellas a fuerza de remos, escapando por muy poco de la muerte cuando las rocas volvieron a juntarse con fragor.

Pocos días después, los Argonautas desembarcaron en Cólquida y se presentaron al rey de esta, Eestes.
Cuando Jasón le expuso al rey su propósito de conquistar el Vellocino, Eestes le dijo que, para ello, antes tenía que uncir a dos indómitos toros y, después de arar un campo con ellos, sembrar en los surcos los dientes de un dragón.
Aquella noche, Jasón no lograba conciliar el sueño. Mientras se revolvía inquieto en su lecho de la nave Argos, una voz desconocida pronunció de pronto su nombre. Se incorporó sorprendido y vio a una mujer tapada con un velo oscuro de pie ante él.

-No temas, príncipe Jasón- díjole con voz tranquila y sosegada-. Debes saber que soy Medea , hija del rey, y vengo en tu ayuda. Mi padre trama tu destrucción, pero si puntualmente sigues mis instrucciones, lograrás burlarlo y el Vellocino de Oro será tuyo.

Expúsole entonces en un susurro sus planes secretos.
A la tarde siguiente, ante una multitud expectante y silenciosa, Jasón se presentó en el bosque sagrado, para esperar la llegada de los toros. Cuando estos lo embistieron arrojando fuegos por sus ollares, Jasón salió valerosamente a su encuentro.
Sin que el fuego abrasador le causara daño alguno, se apresuró a uncir ambos toros al yugo. Ni el rey ni su pueblo sabían que se había untado el cuerpo con un ungüento mágico que le dio Medea, y que lo hacía indemne al fuego.

Después, Jasón empezó a arar el campo, en presencia de la atónita muchedumbre. Sembró en los surcos puñados de los dientes del dragón que le había dado el rey. Un instante después, brotaron del suelo multitud de guerreros armados de punta en blanco, que avanzaron hacia Jasón profiriendo gritos amenazadores.

Cuando el terrible ejército se hallaba a pocos pasos del héroe, Jasón, siguiendo los consejos de Medea, tomó del suelo una gran piedra y la arrojó al centro de la masa de guerreros. La piedra chocó con gran estrépito contra uno de los escudos. El guerrero portador de este, convencido de que la piedra se la había tirado el compañero que iba a su lado, se abalanzó furioso sobre él, entablándose entonces un feroz combate cuerpo a cuerpo. A los pocos instantes, todos luchaban entre sí. En menos que canta un gallo, los terribles guerreros yacían muertos a los pies de Jasón.

El rey Eetes, furioso por el fracaso de sus planes, decidió atacar por sorpresa a los Argonautas a bordo de su nave y exterminarlos. Pero antes de que pudiera poner en práctica su plan, Medea condujo a Jasón al bosquecillo sagrado donde el dragón vigilaba el Vellocino de Oro. El héroe dejó caer sobre el dragón unas cuantas gotas de un filtro mágico que le había dado Medea, e inmediatamente el monstruo quedó dormido.
Tras descolgar el Vellocino de Oro del árbol en que se hallaba, Jasón y Medea huyeron presurosos a la nave, cuyos marineros izaron al punto las velas.Jasón llegó sano y salvo a Tesalia, para entregar el Vellocino a su malvado tío Pelias, quien no tuvo entonces más remedio que cederle a Jasón el trono que por derecho le correspondía.




jueves, 13 de diciembre de 2012

Damón y Pitias

Damón y Pitias son dos hombres que se han convertido en símbolo de amistad y fidelidad hasta la muerte. Florecieron ambos en el siglo V antes de J.C. en la ciudad siciliana de Siracusa, donde gobernaba el tirano Dionisio. Tan despótico e injusto era su gobierno, que los hombres que le inspiraban antipatía podían ser condenados a muerte con el menor pretexto.

Un día, Pitias cayó en desgracia a los ojos del tirano, quien ordenó que lo encarcelaran y lo ejecutaran. Pitias escuchó la sentencia de muerte sin pestañear; después pidió al tirano un ultimo favor; que le permitiera ver a su familia y disponer de sus bienes.

A oír la triste suerte que le aguardaba a su amigo, Damón se ofreció como rehén para garantizar el regreso de Pitias. A ello accedió aunque a regañadientes, el cruel soberano. No obstante, advirtió a Pitias que disponía de un mes para arreglar sus asuntos...si transcurrido ese plazo no regresaba, su amigo Damón moriría en su lugar.

Pitias accedió y partió al instante hacia su casa, que estaba muy lejos. Una vez en ella, comunicó a su familia la trágica noticia y dió instrucciones para el reparto de sus bienes.
Después de una triste despedida, inició su postrer viaje, dispuesto a que se cumpliera lo que el destino había decretado. Pero aunque trató de apresurarse cuanto  le fue posible, muchas dificultades se interpusieron en su camino. Las inundaciones, las tempestades y otros contratiempos que continuamente le salieron al paso alargaron más de lo debido su regreso a la ciudad.

Finalmente, cuando sólo quedaban unas horas para que se cumpliera el plazo que le había concedido Dioniso, llegó a las afueras de Siracusa. Lleno de frenesí, corrió hacia el palacio. Ascendió los peldaños de la larga escalinata y, al penetrar en el salón del trono, vio un espectáculo que lo dejó mudo de pavor.  Allí estaba el verdugo blandiendo su enorme espada y dispuesto a dejarla caer con fuerza irresistible para decapitar a Damón, que permanecía arrodilado, orando a los dioses.

-¡Esperad, esperad! - gritó-. ¡No matéis a Damón! ¡Ya estoy aquí!
Y arrojándose a los pies del verdugo, se dispuso a morir.

El tirano, que presenciaba la ejecución  quedó tan sobrecogido de asombro ante aquella muestra de valor y amistad, que su duro corazón se ablandó.
Ordenó que se aplazase la ejecución y terminó por indultar al reo.

Desde aquel día, no sólo dejó vivir en paz a los dos fieles amigos Damón y Pitias, sino que también el propio Dionisio se unió a ellos con vínculos de amistad duradera.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Belerofonte y el caballo alado Pegaso

Pegaso era un magnífico caballo alado nacido de la sangre de Medusa, la Gorgona cuya cabeza cortó el héroe Perseo. Al nacer Pegaso golpeó la Tierra con uno de sus cascos,  y en aquel lugar brotó una fuente, denominada Hipocrene que estuvo consagrada a Apolo y a las Musas.
Este animal, díscolo y fogoso al principio, fue finalmente domado por Minerva, quien se lo regaló a las Musas.

Un día, un esforzado héroe llamado Belerofonte, hijo de Glauco, rey de Epiro, acudió a Minerva para pedirle prestado este caballo. Desde hacía seis meses, las tierras de Licia, estaban siendo asoladas por un monstruo espantoso llamado la Quimera. Su cuerpo era mitad de león y mitad de cabra, y sus patas traseras de dragón. Su aliento se convertía en fuego al salir de sus horrendas fauces. Hallándose de visita en casa de Jobates, rey del desgraciado país, Belerofonte se enteró de los desmanes del monstruo. Inmediatamente se ofreció para librar a Licia de él. El rey aceptó agradecido.

Mientras se preparaba para destruir a la Quimera, Belerofonte consultó a un oráculo, el cual le dijo que, para dar cima a esta empresa, necesitaba disponer de Pegaso, el veloz corcel alado.
Dispuesta a ayudar al héroe, Minerva le entregó un freno de oro y lo condujo al abrevadero donde bebía Pegaso.
Ocultóse Belerofonte en espera de que el caballo alado descendiese volando ala Tierra. Cuando el caballo se acercó al abrevadero, Belerofonte le puso el freno; amansado Pegaso, permitió que Belerofonte lo montase. Ambos se elevaron entonces en busca de la Quimera.

Al cabo de muchas semanas, encontraron al monstruo cuando éste salía de un bosque, vomitando fuego y escorias por sus fauces. Belerofonte hizo descender a Pegaso, al tiempo que disparaba flechas contra la Quimera desde todos los lados. Así consiguió dar muerte al terrible monstruo.

Grande fue la gratitud del rey y de su pueblo por haberlos librado de aquel azote. Tan estentóreas fueron las aclamaciones, que Belerofonte terminó por ensoberbecerse. Un día, para demostrar su poder, resolvió volar con Pegaso hasta el cielo.
Pero cuando Júpiter vió esto, consideró desmesuradas las ambiciones de Belerofonte y para castigarlo por su soberbia envió contra él a un tábano, el cual picó a Pegaso mientras este volaba hacia el Olimpo. El caballo se encabrió, arrojó a Belerofonte de la silla y lo hizo caer por los aires. Belerofonte se precipitó a la tierra y se mató; pero, Pegaso siguió volando hasta llegar al Olimpo, donde se convirtió de nuevo en el caballo favorito de las Musas.

martes, 11 de diciembre de 2012

La granada de Proserpina

Todos los años, cuando termina el estío y empiezan a caer las hojas amarillentas, tiembla la Tierra y se abre para dar paso a un oscuro carruaje tirado por cuatro caballos negros. Sostiene las riendas una figura tétrica e imponente  envuelta en un manto negro como la endrina.
Cuando llega a campo abierto, encuentra a dos mujeres esperándolo, que se despiden con voz afligida. La más joven de ellas monta en el carro, el auriga hace restallar el látigo, y la negra aparición se hunde en las entrañas de la Tierra con sus ocupantes.

El auriga es Plutón, dios de las moradas subterráneas; la anciana es Ceres, o la madre Tierra; y la joven es su bellísima hija, Proserpina.
Cuando los dioses se repartieron el mundo, correspondiéronle a Plutón las lúgubres regiones subterráneas del Hades. En compensación por haberle asignado tan sombrío reino, Júpiter le prometió darle por esposa a la bella Proserpina. Pero cuando Júpiter, remiso a enfrentarse con la madre de la doncella, no cumplió su promesa, Plutón resolvió zanjar aquel asunto por sí mismo.

Un día, mientras Proserpina retozaba en los campos con las mozas aldeanas, Plutón se le acercó sigilosamente. Irrumpió en medio de las muchachas, raptó a Proserpina y la obligó a subir a su carro, llevándosela luego prisionera a las oscuras regiones subterráneas.
Ceres, transida de dolor por la desaparición de su hija, empezó a buscarla incansablemente, pero nadie sabía darle razón de su paradero ni decirle quién se la había llevado.

En su aflicción, Ceres descuidó atender a sus campos, y los labriegos viéronse amenazados por la ruina y el hambre. Alzaron un gran clamor pidiendo comida, e invocaron la ayuda de Júpiter. El padre de los dioses y de los hombres atendió sus ruegos y pidió a Ceres que volviera a los campos y levantara el tizón que los cubría. Pero ella se negó, diciendo que para que la Tierra produjera cosechas nuevamente, Proserpina tenía que volver a su lado incólume.

Júpiter accedió a libertarle del Hades con una condición : Proserpina no debía haber probado bocado ni bebida durante su cautividad en el Averno.
A fin de averiguar si había mantenido su ayuno, Júpiter despachó a Mercurio, su mensajero de los pies alados, a las regiones inferiores.
A su llegada, Mercurio supo que, efectivamente, Proserpina se había pasado semanas sin probar bocado. Durante largo tiempo, apartada del aire puro y del sol de su amada Tierra, se negó a ingerir alimento. Debilitada y con el ánimo quebrantado, languidecía por momentos.

Cuando Mercurio expuso a Plutón las condiciones de Júpiter para libertar a Proserpina, aquél inventó una última estratagema. Sabiendo cuán hambrienta se encontraba, le ofreció una jugosa granada.
Incapaz de resistir, Proserpina hincó el diente en la tentadora fruta, quebrantando así su promesa de no probar bocado en el Hades.
Como se mostró débil y comió, Júpiter decretó que a partir de entonces pasaría seis meses del año con Plutón en su negro reino subterráneo. Sólo cuando el invierno toca a su fin Proserpina, diosa de la primavera, puede librarse del temible yugo del dios y ascender de nuevo a la luz del sol.

Y en la tierra vive con su madre Ceres los restantes seis meses del año, durante la primavera y el estío resplandeciente. Pero cuando las hojas empiezan a marchitarse y caer, la Tierra se abre de nuevo y Plutón vuelve a reclamar a su esposa.

martes, 4 de diciembre de 2012

Apolo y Faetón...los corceles del sol

En un bellísimo palacio situado en un remoto confín del cielo vivía Apolo, el majestuoso dios del sol, con su séquito de fieles servidores, las Horas, los Días, los Meses y los Años.
En las caballerizas de palacio están encerrados los briosos corceles del Sol, que arrastraban su llameante carro. Todas las mañanas Apolo, vistiendo una túnica amarilla y con una corona de oro, montaba en el pescante del auriga, y, fustigando los fogosos caballos, cruzaba majestuosamente los cielos, en su viaje diario a Occidente.

Un muchacho saludaba todos los días, desde lo alto de una montaña, el paso del carro de Apolo. Pero el muchacho sólo era una diminuta mota en el suelo, y Apolo, ocupado en sujetar las riendas de los corceles, no advertía su presencia.
Apolo no sabía que el muchacho era su propio hijo, Faetón. Cuando niño, su madre, la ninfa Climene, a menudo alzaba a Faetón en sus brazos para que viera pasar los caballos de su augusto padre y le hablaba de él.
Faetón mencionaba muchas veces a sus compañeros de juego, lleno de orgullo, su divina ascendencia. Pero los demás niños se burlaban de él. Unos decían que tenía una imaginación desatada; otros, que estaba loco.

El muchacho, afligido y atormentado por sus crueles compañeros, pidió consejo a su madre.
-Hijo mío- le dijo ella tratando de consolarlo- aunque el viaje es muy largo, tu padre estará muy contento de verte y de acogerte como a su hijo. Entonces todo el mundo sabrá que tu padre es verdaderamente Apolo, dios del Sol.

Alentado al oír estas palabras, el muchacho partió de su casa y viajó durante muchos días hasta llegar al palacio de Apolo, que estaba en la cúspide de una alta montaña. Reveló su nombre al soldado que estaba de guardia en la puerta, y le permitieron la entrada.
Al llegar ante el trono del dios del Sol, casi le cegó la luz. El calor era intensísimo. Allí estaba sentado Apolo, resplandeciente con sus vestiduras de oro. Postrado a sus pies, el muchacho murmuró:
-Soy Faetón, oh gran dios del Sol, y me envía mi madre Climene para oír de tus propios labios que soy tu hijo. Dime que esto es cierto, noble Apolo, para que terminen mis tormentos y las crueles burlas de mis compañeros.

Al enterarse de los sufrimientos del muchacho, Apolo, enternecido, lo estrechó contra su corazón.
_¡Disipa tus temores, hijo mío!- le dijo-.Sí, eres mi hijo: lo prueban tu belleza, tus rasgos y tu decisión. Solamente un hijo de Apolo hubiera osado emprender tan largo y peligroso viaje. Nadie más hubiera llegado tan lejos. Grandes han sido tus sufrimientos y tendrán una recompensa. Pide lo que te plazca y te será concedido.
-Durante toda mi vida te he visto conducir tu maravilloso carro por los cielos- exclamo el muchacho-. ¡Te pido el favor de que también me dejes conducirlo!.
Al oír esta sorprendente petición, Apolo palideció.
-No, hijo mío-le advirtió-. Los caballos son fogosos y rebeldes. Requieren una mano firme para guiarlos y reprimirlos. Tú eres demasiado joven y débil para semejante tarea.
-Me diste tu palabra, padre mío- replicó el muchacho impertérrito-. Estoy decidido....suceda lo que suceda.

Con paso lento, Apolo se dirigió a las caballerizas y enganchó los corceles al carro de color de fuego. Después, puso a Faetón en el pescante, le tendió las riendas y se despidió apenado de él.
Los impacientes caballos emprendieron el galope, ascendieron veloces por el cielo, y con sus crines al viento hicieron cabecear violentamente el carro.....luego descendieron de manera peligrosa hacia la Tierra...
El muchacho tiraba de las riendas con todas sus fuerzas, pero los animales no dominados ahora por el fuerte puño de Apolo, cabalgaban con un galope desenfrenado..... tan pronto bajaban demasiado, chamuscando las copas de los árboles y provocando incendios que duraban días, como se remontaban a tal altura que el hielo y el frío atenazaban la Tierra.

Temiendo que el mundo iba a perecer en un incendio, Júpiter, muy a pesar suyo, se decidió a intervenir. Uno  de sus rayos fulminó con certera puntería al joven Faetón, que cayó envuelto en llamas, desapareciendo en el espacio, para no ser visto jamás.
Los asustados corceles se detuvieron y regresaron a Oriente. Allí los recogió Apolo inconsolable, abrumado, entristecido hasta el punto que se negó a conducir de nuevo el carro de fuego...por ello el frío dominó la Tierra....el invierno se volvió permanente....todo se congeló....hasta que Júpiter consiguió convencer a Apolo de que debía volver a montar en el pescante del carro de fuego.

Pigmalión y Galatea

Pigmalión, soberano de Chipre, era un gran estadista, consagrado al bien de su pueblo y a esculpir bellas obras de arte. Noche tras noche permanecía en su taller, esculpiendo maravillosas estatuas; tan perfectas eran estas obras, que quien las veía declaraba que sólo les faltaba respirar.
Un día, Pigmalión empezó a dar forma a una figura extraordinariamente hermosa: la estatua de mármol de una doncella.

Mientras trabajaba, los labios parecían entreabrirse, los ojos centellear, y moverse los dedos exquisitamente torneados. Tan cautivado quedó Pigmalión por su propia obra, que la cubrió de flores y joyas, y la vistió con ropas finísimas. Por último puso nombre a la estatua: la llamó Galatea.

Todos los días, al caer la tarde, realizaba pequeños retoques en ella, de modo que la estatua iba aumentando en belleza....a tal extremo llegó su obsesión, que finalmente, el escultor comprendió que se había enamorado perdidamente de Galatea.

Poco tiempo después, los habitantes de Chipre se reunieron para asistir a un gran festival celebrado en honor a Venus. Pigmalión acudió también al templo de la diosa y allí le dirigió esta extraña súplica:
-¡Oh diosa magnífica y bondadosa, que otorgas la vida y el amor....derrama estos dones sobre mi estatua!.
¡Da la vida a Galatea!.

Aquella noche, de regreso a su palacio, el rey corrió presuroso a encerrarse en su taller. Con el corazón palpitándole de emoción, se sentó a contemplar su estatua, esperaba ver algún signo del favor que de Venus había solicitado.
No fue larga la espera, pues al cabo de unos instantes, observó que un delicado rubor teñía las mejillas de Galatea, sus ojos parpadeaban, y su túnica se movía imperceptiblemente....poco a poco empezó a respirar, y con el rostro iluminado por una radiante sonrisa, la doncella bajó del pedestal y, acercándose a él, le tendió graciosamente la mano.

Pigmalión la besó tiernamente y la recibió como a su esposa.
- ¡Galatea había cobrado vida!.
En agradecimiento por el maravilloso don de Venus, Pigmalión la invitó a sus bodas con Galatea y le ofreció numerosas ofrendas durante toda su vida.

En el ámbito de la psicología, el efecto Pigmalión o la profecía autocumplida, se refiere a cómo lo que los demás(jefe, profesores..) opinan de uno acaba cumpliéndose......si a un profesor le anotan antes de conocer a un alumno, que éste es muy inteligente y trabajador, el profesor le da un trato especial, de manera que lo motiva...y aunque en un principio no fuese ni inteligente ni trabajador, acaba siéndolo......se le conoce como efecto Pigmalión por el mito que he relatado......Pigmalión creyó que Venus podía dar vida a Galatea..y por ello se lo pidió. Lo terrible es que también hay un efecto Pigmalión negativo....es decir que podemos motivar a otro...y también desmotivarlo....podemos quitarle su autoestima, hacerle creer que no vale ...el terrible acoso laboral o mobbing, se basa en esto.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Atalanta y las manzanas de oro

Vivía en Beocia una doncella rápida como el viento. era más veloz que las aves que cruzaban el firmamento y podía competir en la carrera con los corzos. Llamábase Atalanta, y no había hombre ni bestia que pudieran darle alcance.El premio que ofrecía a quien pudiera darle alcance era su mano...pero ¡pobre de aquel que saliera derrotado en el empeño!...el castigo de su osadía era la muerte.

Muchos de los pretendientes, espoleados por los encantos de la bella Atalanta, aceptaron el desafío; pero todos fueron cayendo, jadeantes y sin aliento, mientras la veloz Atalanta los dejaba atrás. Y todos pagaron con la muerte.

Pero un día, un noble y apuesto doncel llamado Hipómenes, descendiente de Neptuno, decidió desafiar también a la veloz Atalanta...pero, conocedor de los peligros de que estaba rodeada la empresa, acudió a Venus, la diosa del amor, en solicitud de ayuda.

Venus atendió su súplica y entregó al joven tres manzanas de oro tomadas de un árbol que crecía en el jardín de las Hespérides. Luego le proporcionó un plan, que debía seguir al pie de la letra, para vencer a Atalanta.
Millares de silenciosos espectadores se reunieron para presenciar la carrera.
Obedeciendo a una señal, Hipómenes y la doncella partieron raudos por el estadio; pero, el joven, consternado, pronto vio que Atalanta lo dejaba atrás fácilmente. Entonces arrojó ante ella una de las resplandecientes manzanas, que, brillando y centelleando al sol, llamó la atención de Atalanta. Aminorando su velocidad por un instante, se agachó para recogerla...en ese momento, Hipómenes, aprovechando la ventaja, pasó velozmente por su lado tomando la delantera en la carrera... pero tan rápida era la joven que no tardó en recuperar el terreno perdido y...en tomarle ventaja.

Arrojó entonces Hipómenes la segunda manzana y detúvose  nuevamente Atalanta, pero la joven reconquistaba su ventaja con celeridad.....

Ya cerca de la meta, Hipómenes arrojó la tercera manzana, cerca de la joven pero más lejos que las otras veces....Atalanta titubeó...pero se desvió un poco de su camino para recogerla....los segundos transcurridos fueron decisivos, Hipómenes consiguió llegar vencedor a la meta.

Atalanta reconoció la victoria del atrevido Hipómenes y le entregó su mano.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Venus y Adonis

La más bella y encantadora de todas las divinidades que moraban en el Olimpo era Venus Afrodita, hija de Júpiter y diosa del amor. Uno de sus mayores deleites consistía en jugar con su hijo Cupido. Quienquiera que resultase alcanzado por sus flechas, experimentaba al instante los tormentos del amor, como todos sabían.
Un día, jugueteando descuidadamente con una de las flechas de su hijo, la diosa se hirió. La herida tardó largo tiempo en curar. Pero la flecha ya había obrado su efecto. Sólo con verlo, Venus se enamoró del bello efebo Adonis.

Adonis amaba los juegos y pasatiempos, en especial la caza. Nunca se cansaba de perseguir a los venados, ni le arredraban las bestias más feroces del bosque. Cuanto mayor era su ferocidad, más le gustaba seguir su rastro. Llevada por el amor que le inspiraba el joven, Venus, famosa por su belleza arrebatadora, su gracia y su encanto, ya no cuidó de conservarse atractiva y se entregó también a la caza. Jadeante y arrebolada, vagaba todo el día por el bosque, en pos de presas menos peligrosas. Pero no se apartaba de ella el temor de que Adonis sufriera daño al perseguir a las bestias feroces.

Tan temerario e imprudente era Adonis, que todos los días se enfrentaba con las fieras más temibles de la selva: lobos, leones, osos y panteras. Repetíale Venus una y otra vez que fuese precavido, pero él desoía sus prudentes consejos. Un día, después de advertirle muy especialmente que tuviera cuidado, la diosa montó en su carro y ascendió al Olimpo.

Pero poco después sus tristes presentimientos se cumplieron. Adonis logró acorralar a un jabalí al cual perseguía con arrojo temerario. Mientras la vociferante jauría mantenía a raya a la fiera, Adonis le arrojó su lanza y la hirió. El jabalí enfurecido se abalanzó sobre Adonis causándole terribles desgarros con sus colmillos. Adonis cayó al suelo, herido de muerte.

Venus se mostraba inconsolable ante el cuerpo de Adonis moribundo. Pero su profunda pena dio nacimiento a algo nuevo; pues vertiendo néctar en las heridas del joven, lo convirtió en una flor morada, la anémona. En sus momentos de tristeza, aquella flor le evocaba a Venus, el recuerdo de su perdido Adonis.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Perseo y la cabeza de la Gorgona

Tres hombres querían acabar con Perseo. Pero éste, armado con la cabeza de la Gorgona, no sólo venció a los tres, sino que hizo que se cumpliese una terrible profecía.
Al nacimiento de Perseo, hijo de Júpiter y de la princesa Danae, llenóse de espanto el corazón de su abuelo, el rey Acrisio de Argos, pues un oráculo había predicho que el rey acabaría a manos de un varón nacido de su hija Danae.

Para evitar el cumplimiento de esta profecía, el rey metió a su hija y al tierno infante en una caja de madera, que arrojó al mar. La caja estuvo a merced del viento y de las olas durante muchos días, hasta que llegó a las costas donde reinaba Polidectes. Allí un pescador encontró el cofre, y grande fue su sorpresa cuando, una vez abierto, vio que en su interior se hallaban una joven y un niño profundamente dormidos.
Cuando la noticia del hallazgo llegó a oídos del rey Polidectes, ordenó que enseguida condujeran a ambos a su palacio. Allí los cuidaron hasta que la madre y el hijo se recobraron de las penalidades sufridas en elta mar.

Pasado algún tiempo, Polidectes, atraído por la belleza de Danae, le propuso que fuese su esposa;  pero ella le rechazó pues consideraba que su deber era consagrarse totalmente a su hijo...así anduvieron forcejeando largo tiempo...el rey le pedía una y otra vez que le aceptase y ella ..una y otra vez le rechazaba por atender a su hijo.
Entre tanto, Perseo se fue convirtiendo en un gallardo y apuesto joven.
Un día Polidectes maquinó encomendarle a Perseo una misión peligrosa, con la esperanza de verlo perecer, pues creía que por su culpa Danae no acetaba el casamiento.

Llamó a Perseo y le ordenó que fuese en busca de la Gorgona o Medusa, y regresara con su cabeza...convencido Polidectes de que Perseo no lograría llevar a término tal hazaña.

Las Gorgonas eran tres hermanas, la más espantosa de las cuales era Medusa. Sus brazos eran de bronce y las alas que brotaban de sus hombros la hacían temible en el ataque.Tan horrendo era su aspecto, que el hombre que mirase su rostro quedaba inmediatamente petrificado.
Con ayuda de Minerva y Mercurio, Perseo empezó su búsqueda de la Gorgona. Supo que primero debía dirigirse a la caverna donde moraban las tres Greas, viejas arrugadas y canosas, que conocían la morada de la Gorgona. Por ser parientes de ella, no la delatarían de buen grado, así pues, Perseo tendría que valerse de la fuerza o de la astucia.

Después de un largo y peligroso viaje, Perseo llegó a la sombría caverna donde habitaban las tres hermanas. Lo más notable de ellas era que entre las tres no poseían más que un solo diente y un solo ojo,  de los cuales se servían por turno. Cuando una de ellas tenía el ojo, las otras dos permanecían ciegas.
Perseo, taimadamente, se apoderó del ojo en el momento en que una de las Greas lo pasaba a su hermana. Pusieronse a gemir lamentablemente, suplicando que les devolviera el ojo. Perseo no consintió en restituirlo, a no ser que le indicasen la ruta que conducía a la mansión de las Gorgonas y el medio de procurarse el yelmo de Plutón, que confería la invisibilidad; unas sandalias aladas, para volar con la celeridad del rayo, y un zurrón, para llevar la cabeza de la Medusa.

En posesión Perseo de lo que necesitaba, partió al instante y encontró a las Gorgonas profundamente dormidas, con Medusa en el centro, en lo más profundo del océano. Para que la mirada del monstruo no lo convirtiera en piedra, contempló su imagen reflejada en su escudo. Guiándose por este se aproximó a ella, le cortó la cabeza de un tajo y la metió en el zurrón. Acto seguido, partió con la celeridad de sus sandalias aladas.

Despertadas por los alaridos de Medusa, las otras dos Gorgonas corrieron en ayuda de su hermana, pero ya era tarde, pues protegido por el yelmo que lo hacía invisible, Perseo no tardó en distanciarse de ellas.
Durante el viaje de regreso, Perseo rescató a una doncella llamada Andrómeda, que iba a ser devorada por un dragón. Mediante la cabeza de la Gorgona, convirtió en piedra al segundo hombre que se interpuso en su camino, era Fineo, perverso prometido de Andrómeda.

A su llegada al palacio de Polidectes, Perseo solicitó audiencia del monarca, y tras de anunciar el cumplimiento de su misión, le mostró la cabeza de Medusa.....dejándole petrificado. Así libertó Perseo a Danae, su madre, y castigó al tercer hombre que se había interpuesto en su camino. Con esto sólo quedaba el primero, aquél que los abandonó a él y a su madre a merced de las olas, su abuelo Acrisio, el causante de todos sus sufrimientos.

A su regreso a Argos, Perseo y Danae supieron que Acrisio había desaparecido. Mandaron mensajeros en su busca; y entretanto Perseo  participó en un torneo de lanzamiento de disco, que se celebraba en el vecino reino de Larisa. Al llegar su turno, una vez arrojado el pesado disco hacia la marca, una ráfaga de viento lo desvió de su curso y fue a dar contra un anciano que se hallaba sentado entre los espectadores, el cual pereció instantáneamente.

Perseo supo entonces, horrorizado, que aquél anciano era Acrisio, su abuelo, que había tratado de huir a su destino yendo a ocultarse, disfrazado, en Larisa. Y así  Acrisio acabó como había predicho el oráculo, a manos de un hijo de Danae.
Después de la muerte de  su abuelo, Perseo ocupó el trono y ,junto a su madre, reinó en paz y contento en Argos durante largos años.



sábado, 10 de noviembre de 2012

Aracné: la doncella que desafió a Atenea

Los dioses que habitaban en el Olimpo, enseñaron a los hombres muchas artes y técnicas maravillosas, como la pintura, la escultura, el arte de tejer e hilar... Jamás un mortal se había atrevido a desafiar a los dioses, nadie osaba considerarse superior a ellos; pero un día una mujer se consideró más diestra que la misma Atenea.
Sucedió un día en Colofón, una ciudad griega en la que vivía un famoso artesano que aplicaba con arte incomparable la púrpura real a los mantos; este maestro tenía una hija cuyo talento era aún mayor que el del padre, pero en el arte de hilar...se llamaba Aracné, y cuando acariciaba con sus dedos el telar, los hilos se entretejían en dibujos maravillosos e intrincados.
Durante todo el día la rueda de tejer zumbaba y cantaba en su aposento, creando obras de una belleza arrebatadora, que confirieron a Aracné fama de ser la mejor tejedora del mundo.

Pero con su fama creció, su vanidad, hasta que llegó a jactarse abiertamente de que su talento sobrepasaba al de la misma Atenea, diosa y patrona de las bellas artes. Cuando la diosa se enteró de las arrogantes palabras, montó en cólera. Descendió velozmente a la tierra y se dirigió a casa de Aracné, donde se hizo invisible para entrar en el obrador de la doncella y ver cómo esta trabajaba.

Sus dedos eran tan alados, tan irreprochables su labor y sus dibujos, que hasta la propia diosa tuvo que admitir que Aracné poseía una destreza incomparable. Pero al contemplar la obra que en ese momento tejía la doncella, en un acceso de celos, se despojó de su disfraz y se presentó ante los ojos de la sorprendida doncella y le dijo:
-¡Vana criatura- exclamó- que te alabas de ser superior a los dioses! ¡Ya veremos quién vale más, si tú o yo!

Entonces ambas empezaron a competir; Aracné representó en su obra una leyenda de amor entre los dioses del Olimpo, la tejió con hermosos y radiantes colores, hasta hacerla resplandecer cual si poseyera vida propia. Pero Atenea entretejió todos los colores del arco iris, representando en el dibujo la majestad del Olimpo y la vida en la celestial mansión; tan deslumbradora era esta obra, que brillaba con el resplandor de un millar de soles. La obra de Aracné era centelleante, pero la de Atenea resplandecía mucho más.
Casi cegada por la magnificencia del tapiz que había tejido la diosa, Aracné, tuvo que cubrirse el rostro con las manos, admitiendo de tal modo su derrota.

Por haber osado desafiar a los dioses , joven altanera- dijo Atenea-correrás una suerte singular. Ya que tan bien hilabas y tejías, así continuarás haciéndolo... como una bestia inmunda que se arrastra por los suelos. Y tocando a Aracné con su varita mágica, Atenea la transformó en araña.

Incluso hoy, oculta en los rincones oscuros, la araña teje su tela con hilos que extrae de su propio cuerpo.
En recuerdo de aquél desafío a Atenea, los griegos llamaron a la araña "aracné".
Esta imagen se puede ver frente a la vieja facultad de Farmacia de Valencia,,,,es una preciosa imagen de Atenea o Minerva (según hablemos del mundo romano o del mundo griego).

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cupido y Psiquis

Hacía meses que el templo de Venus se hallaba extrañamente desierto. Faltaban las flores fragantes que otrora solían adornar los altares. Nadie acudía a rendir homenaje a la diosa de la belleza. En vez de llevar ofrendas a Venus, esparcían rosas a los pies de una hermosa doncella, que gozaba fama de ser más bella  incluso que la propia diosa. La doncella se llamaba Psiquis. Era la menor de las tres hijas de un rey y a todos fascinaba por su hermosura.

Con la mayor inocencia, Psiquis incurrió en las iras de Venus. Raro era, en verdad, el dios o la diosa que podía soportar la existencia de un competidor. A fin de que los fieles volvieran a su altar y su rival fuera castigada, Venus planeó su venganza.

Llamó a su hijo Cupido y le ordenó que sacase un poco de agua amarga de un pozo que tenía en su jardín. Con ella prepararía un filtro mágico, rociaría con el a Psiquis y haría que esta se enamorara de un ser feo y vulgar.
Cupido voló a cumplir el encargo de su madre. Llenó un jarro con el agua mágica y penetró en el aposento de Psiquis, donde encontró a la doncella apaciblemente dormida. Derramó sobre ella parte del contenido del jarro, pero este movimiento la despertó y le hizo abrir los ojos por un instante.
Cupido retrocedió con presteza, pero se hizo un rasguño en el brazo con una de las flechas de su carcaj. Sin cuidarse de la herida, vertió agua dulce de otro jarro sobre Psiquis, con la esperanza de anular así los maléficos efectos causados por el agua amarga.

Pero el mal ya estaba hecho. Las gentes dejaron de encontrar hermosa a Psiquis. Sus admiradores la fueron abandonando uno tras otro, para rendir nuevamente culto a Venus. Sus hermanas se casaron con dos príncipes; en cambio, no se presentó ningún apuesto pretendiente a solicitar la mano de Psiquis.
Sus afligidos padres, en su desesperación, acudieron al oráculo de Apolo en demanda de ayuda. Pero la respuesta que de él obtuvieron disipó sus últimas esperanzas.

-Debéis enviar a la joven a lo alto del monte- respondió el oráculo-. En la cumbre encontrará a un monstruo de ilustre nacimiento, que se desposará con ella y la conducirá a su mansión, donde vivirá a partir de entonces. En medio de gran duelo y aflicción, sus padres prepararon a Psiquis para sus bodas. Después de acompañarla a lo alto del monte que les indicó el oráculo se despidieron de ella, y Psiquis aguardó la llegada del monstruo.
Pero mientras permanecía allí temblando de miedo, sintió que una suave brisa la elevaba por los aires y la transportaba hasta un risueño valle. El viento la depositó entonces frente a las puertas de oro de un palacio. La joven penetró en él y encontró una mesa cubierta de manjares deliciosos. Unas manos invisibles le escanciaban vino y unos pies igualmente invisibles iban y venían, para servirle toda clase de viandas suculentas. Durante todo el día no vio a nadie ni oyó voz alguna en aquel palacio. Pero cuando llegó la medianoche, la asombrada Psiquis escuchó la voz de un hombre que le hablaba y le decía con tono enérgico e imperioso:
-Soy yo, tu marido, quien te habla. Tuyo es este gran palacio y cuanto contiene. Pide lo que quieras. Pero no intentes verme jamás. ¡Ay de ti si lo intentas!

Día tras día, noche tras noche, el esposo de Psiquis permanecía invisible. Trataba a la doncella con deferencia y bondad, atendiendo a sus menores deseos, pero ella nunca le vio el rostro. Finalmente, cuando su tristeza y su nostalgia aumentaron, Psiquis le pidió permiso para por breve tiempo al lado de su familia. Su marido accedió al punto a su petición; pero antes de irse le hizo una severa advertencia:
-Recuerda bien que prometiste no tratar de verme jamás el rostro. No permitas que tus padres o tus hermanas te induzcan a romper esta promesa.

Pero cuando volvió a su casa, sus familiares, incapaces de creer la historia del palacio de oro con la legión de sirvientes invisibles y el ser bondadoso y considerado que era su marido, trataron por todos los medios de despertar la animadversión de Psiquis contra él.
-No te dejes engañar por sus ardides- le advirtieron-. Es un monstruo, que una noche se abalanzará sobre ti para destrozarte. Toma este afilado cuchillo para defenderte y escóndelo bien. De noche, cuando duerma, enciende la lámpara y mira que rostro tiene. Si de verdad es un monstruo, lánzate sobre él y degüellalo antes de que te mate.
Aunque Psiquis al principio vaciló, al fin lograron convencerla. Poco después de su regreso al palacio, levantóse furtivamente una noche, encendió la lámpara de aceite, y, acercándose al lecho de su esposo, lo contempló cautelosamente. Pero en vez del horrendo monstruo que esperaba hallar, la estupefacta Psiquis vio a un joven de una belleza sobrehumana. Tan grande fue el amor que le inspiró, que permaneció allí arrobada, mirándolo y olvidándose de la advertencia. De pronto, una gota de aceite caliente de la lámpara cayó sobre el joven dios. Este, lanzando un agudo grito, se despertó. Durante largo rato contempló a la horrorizada Psiquis con expresión desdeñosa y colérica; pero ni una palabra de reproche salió de sus labios. Luego, saltó por la ventana abierta y desapareció de su vista.






La afligida joven quiso morir y se arrojó al mar, pero las divinidades marinas no podían permitir que tan hermosa doncella se ahogara; de modo que las corrientes la devolvieron sana y salva a la oriilla opuesta del mar.
Con el corazón lacerado por la pena, Psiquis vagó sin rumbo fijo por la Tierra, hasta llegar por último a un templo consagrado a Venus. Deseando ser perdonada, pidió ante el altar que le permitieran servir únicamente a Venus; y la diosa, cuyos celos aún no se habían aplacado, le dijo:
-Si quieres que vuelvan a amarte, tienes que realizar tres tareas.
-Haré de buen grado lo que me pidas_ le respondió Psiquis.
-En este templo- prosiguió Venus- se guardan millares de granos de todas clases: cebada, trigo, habichuelas, guisantes ..y otros muchos. Tu tarea consistirá en separar estas semillas en montones distintos.¡Tienes tiempo hasta la puesta de sol!.....Pronunciadas estas palabras, la diosa se separó de ella.

Aunque se afanó durante horas, el montón de semillas no parecía disminuir; pero, cuando más afligida se hallaba vio a unos negros animalillos que se arrastraban por el suelo del granero, llevando cada uno de ellos en la boca una semilla distinta, que depositaban en un montón separado. El corazón le dio un brinco de alegría. Cupido, su enamorado, no se olvidaba de ella y le enviaba aquellos ejércitos de hormigas en su ayuda.
Cuando Venus regresó aquella noche, quedose pasmada al ver que las semillas estaban cuidadosamente seleccionadas; dudando de que Psiquis lo hubiese hecho sola, le impuso la segunda tarea:

-Al otro lado del arroyo-le dijo- hay un rebaño de mis ovejas de vellones de oro. Tienes que traerme tres de esos vellones.
Pero cuando Psiquis se dispuso a cumplir la tarea encomendada, las cañas de la orilla del arroyo, deseando ayudarla, la detuvieron diciéndole:
-¡Ten cuidado con esas ovejas! Son muy fieras y si las tocas, te embestirán con sus agudos cuernos. Espera hasta la noche, cuando estén dormidas.; entonces , podrás acercarte a ellas y encontrarás vellones de su lana  prendidos en los matorrales y los arbustos.
Psiquis les dio las gracias, y, cumpliendo al pie de la letra sus instrucciones, consiguió entregar los vellocinos a Venus.

La enfurecida diosa ordenó entonces a Psiquis que realizara la tercera tarea. Esta vez tenía que descender a las regiones subterráneas del Hades y buscar allí a Proserpina, reina de los Infiernos, para arrebatarle la caja que contenía el ungüento mágico con el cual Proserpina mantenía eternamente su belleza.
Caronte, el barquero de los Infiernos, la pasó con su barca al otro lado de la negra laguna Estigia, que cerraba el acceso al Hades. Después de suplicar a Proserpina que le diera el ungüento mágico, logró al fin persuadirla a que le entregara la caja. Más al retorno, Psiquis se dejó vencer por su curiosidad,  y pensando que tal vez aquella caja encerrara el secreto de la eterna belleza... la abrió....y al hacerlo, no se esparció sobre ella la belleza sino un sueño invencible; y quedó postrada por él sin que nada pudiera despertarla.

Mientras permanecía tendida e inmóvil cual si se hallara muerta, Cupido la vio y corrió en su ayuda; tras despertarla de su trance, Cupido invocó la ayuda de Júpiter, rey de los dioses, el cual llamó a Venus a su presencia, y le pidió que perdonara a Psiquis y permitiera a su hijo Cupido tomarla por esposa.
Venus depuso su enojo y perdonó a Psiquis ...de esa unión nació una encantadora hija llamada Placer.

También encontramos la misma historia con Afrodita, Psique y Eros....(personajes griegos).
Conocemos esta historia gracias a Apuleyo que nos la relata en La Metamorfosis (El asno de oro). Se refiere en su sentido profundo a las tribulaciones del alma(Psique) para alcanzar el amor(Eros) y la inmortalidad.